Los Tarahumaras, llamados en su propio idioma
RARAMURI o “CORREDORES”, habitan los valles, barrancos y planicies de la parte
oeste del Estado de Chihuahua en la Sierra Madre Occidental de México. Al aislamiento y a lo escabroso de su lugar de
origen se debe que hayan subsistido con sus propios recursos desde el tiempo de
los misioneros; cuando a México aún se le denominaba La Nueva España. En los
últimos tiempos, la explotación de la madera y el turismo han penetrado en la
Sierra; y las artesanías Tarahumaras, no así los Tarahumaras, han llegado a ser
tema de conversación familiar para los citadinos tanto de México como de los
Estados Unidos. Su aislamiento es verdadero; no obstante esta situación ha
permitido la preservación de la mayor parte de su vida tradicional, llena de
habilidades, actividades y puntos de vista sobre el universo que parecen haber
tomado su forma presente antes de 1800. Como casi todos los grupos indígenas de
México, los Tarahumaras ostentan la evidencia de las intensas campañas de
cristianización llevadas a cabo por misioneros católicos bajo la Corona de
España. Dado su aislamiento, los Tarahumaras aceptaron menos que otros grupos
indígenas de la cultura europea; así mismo adaptaron lo aceptado a sus antiguas
normas y preferencias. A pesar de todo, la influencia hispánica se mantiene y
se torna importante en la música y en la danza.
La danza de matachines se esparce dentro del
área de Noroeste de lo que fue La Nueva España y que ahora queda dividida en
ambos lados de la frontera recién impuesta entre México y los Estados Unidos.
Es una danza ritual europea con detalles y sabor del “nuevo Mundo” y que
encontramos entre la población indígena así como entre los descendientes españoles.
Usualmente es ejecutada por dos hileras de hombres que bailan al son de la
música de instrumentos del “viejo mundo” como son: las guitarras, los violines
y las arpas.
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